Cuando hay una fuerte densidad de brumas en el exterior, la falta de visión más allá de nosotros mismos, que es lo que nos sirve habitualmente de aliento vital, nos fuerza a mirar hacia el interior, a buscar la luz que no hay afuera en los intersticios de dentro.
El artista francés Odilon Redon vivió y pintó en el seno de un aura introspectiva, y lo hizo con un caminar pausado, meticuloso, pero infatigable, asistiendo y participando en la recreación de lo que estaba sucediendo en niveles de realidad nunca sospechada pero sí premonitoria.
Odilon fue un pionero que actuó desde un silencio callado, explorando lo que quedaba por hacer y aún sigue haciéndose. Y su quehacer experimental constituyó una plataforma desde la que apreciar y sentir la cantidad y calidad de misterio que inconscientemente ocultamos, el mismo que él hace resurgir a través de su dominio plástico.
