Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Si la artista valenciana Carmen Calvo se considera una artista de concepto, como espectador la conceptúo como una urdidora de formatos visuales que remiten a objetos cargados de la incertidumbre y del destino que depositamos en ellos. Rescata su perceptibilidad transfigurándolos hasta conseguir que su realidad se integre con la pasión de la nuestra.
Ella se concentra en su análisis e identificación, en la potencia de su materialidad, en el orden de su composición, en la polisemia de su naturaleza; nosotros, observadores, abogamos por inyectar la mirada en unas fisonomías que nos parecen nuevas ahora, que cuelgan como recipientes físicos de gestos ya revocados y olvidados.
Son tal que cuerpos que no condescienden en que huyamos, en que dejemos de lado lo que en cierta forma nos reconoce y nos traslada a otros pasados, a otros sucesos, a otros momentos que actualmente los hemos borrado, y perdido con ello su misterio y la voz de su reencuentro.
Nuestra esquina se ha inundado de la sal de un son que no ha parado desde el amanecer. El Malecón vigila que de él no salga Olokun aunque mi amigo Humberto y yo le recitemos: