Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
ENRIC PLANASDURÁ (1921-1984) / DANZA DE LOS COLORES
Mi conciencia no puede exiliarse, pero si eso fuese posible sería para arraigarse en lugares policromos como los que propone el artista español Planasdurá.
La vida, entonces, no carece de ausencias sino que se ve inmersa en dinámicas que la transportan por itinerarios donde es importante que haya una malla plástica que la envuelva y despliegue ante nuestras miradas una urdimbre de contrastes lumínicos.
En esas comarcas no hay nada escrito y tampoco lo necesita porque son terrenos en los que los tintes alambican una naturaleza fértil y extremadamente sensible.
Y ya nunca podremos decirles adiós, se han quedado fijadas a nuestra retina, a la que la seducen con su fantasía y ensoñación.
Hoy, en honor del Malecón, tendrá lugar un concierto de cantos yorubas. A mi amigo Humberto y a mí no nos queda más remedio que asistir y corear. Pero lo hacemos con la lengua sacada y la mirada hundida.