Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La materia se deshace y se destruye y cada pedazo toma camino del exilio. Han sidos desposeídos de su naturaleza en esa ruta de no retorno y se encuentran sumidos en la confusión y el desorden.
El artista español Salvador Soria los va buscando y localizando con denuedo y obstinado empeño y ya en su poder la madera, el cinc, el latón, las limaduras de hierro o cobre y demás ingredientes físicos, no sólo los salva de una muerte anunciada y se compadece de su sufrimiento sino que igual que Dante, crea con ellos una vida inmensamente bella y sutilmente simétrica, con una gran riqueza de significados telúricos y simbólicos.
Es decir, que urde una lírica de integración en un proceso que halla lo polimorfo como el medio de explotar la buena fortuna visual y plástica y derrotar a la contraria, renovando así su naturaleza y haciéndola visible en su nueva constitución, con lo que al final han sido convertidos y formarán parte de la epopeya artística contemporánea.
Mi amigo Humberto no ha podido dormir en toda la noche, se la ha pasado confesándose con un diablo que le fue enviado por El Malecón. Y ahora no se acuerda de lo que le ha relatado. ¿Podría haberte metido en el infierno? le respondo. No, me dice, porque lo sabría. Pero no se le veía muy seguro.