Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Decía Eugenio D´Ors que el ver no resulta un tal fácil negocio como la gente se imagina porque no se comprende sin ver, pero tampoco se alcanza visión sin comprensión. Y si es así, cuando, como espectador, estás ante la obra de Olmo que acaba de exponer en la galería Star de Madrid, la mirada es visión y comprensión.
Este artista no traspasa fronteras ni otros ámbitos, confía plenamente en el interior de los propios, en los que se mueve retando día a día la forma de una existencia, multiplicándola desde diferentes trazos biográficos, pues si en el principio era el verbo, ahora es la sintaxis cromática, su lenguaje y significación. Y ahí encontramos claves, coloraciones, tonos, gamas, gradaciones, texturas que nos hablan desde el sonido que emiten para que encuentren nuestro eco y sintonicen con él.
Paulatinamente su vocabulario se nos hace accesible, nos traslada a la mirada el significado y espíritu que hay dentro de cada una de ellas y hasta nos proporciona explicaciones sobre cómo podemos percibir la sensualidad que contienen. Y no dejamos escapar esa oportunidad, son únicas y nunca habrá otras pues todas son distintas.
Mi amigo Humberto me pone ante la vista el retrato de una rata maleconera que no me convence nada. Incluso la tal rata que le había servido de modelo se pone a chillar ante la pintura, ante lo cual le dije: este animal es mejor crítico que tú. Y por esa causa El Malecón nos castigó a bañar al roedor durante toda la noche.