Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Holofernes reconocía que la poesía es un don. Sencillo, muy sencillo. Una imaginación extravagante, loca, llena de formas, de figuras, de objetos, de ideas, de apariciones, de sobresaltos, cambios y transformaciones. El útero de la memoria las recibe, la matriz de la reflexión las nutre y nacen según la ocasión las hace madurar.
El español nacido en Francia, MASCARÓ, también lo tiene y le da plena libertad para agrandar y dilatar. Por ello, sus inseparables guerreros son ceremoniosos, lo ven todo desde su posición inmóvil, cifran en su voluntad de hierro su dominio, ante el que recaban adhesión y docilidad.
Nos paseamos delante de ellos como si fuesen los guardianes del templo, con la sensación de que la mirada nos transporta a otra era, otra historia, cuyo amanecer y ocaso habían hilvanado desde hace mucho tiempo nuestro proyecto íntimo, el que se desarrolla sin la lógica existencial que queremos darle.
La fragilidad y la potencia se superponen, y cuando la osamenta se va deshaciendo surgen las ansias de un recubrimiento férreo por parte de esos luchadores con el fin de prolongarte, sea el destino que sea, haya o no deseos y sentimientos vividos o acabados.
Poseer y poesía nos conmueven pero no sé si nos hermanan, aunque este artista y su obra nos conminan a viajar y continuar por ese rumbo.
Sentado en el muro del Malecón, solo y contenido, recuerdo las palabras de Arnold Schoenberg:
«El arte es el grito de la desesperación de aquellos que experimentan en su propio yo el destino de toda la humanidad».
El arte es el grito de la desesperación de aquellos que experimentan en su propio yo el destino de toda la humanidad. Muy buena esta frase.Saludos
Me gustaMe gusta