Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
El japonés YOSHIHARA, miembro fundador del grupo Gutai, antes de embarcarse en la experimentación con los procedimientos del perfomance, mostró lo que él entendía como inevitable si la concepción plástica alimenta una deconstrucción de lo que crece, introduciendo la contradicción entre lo que debería ser y lo que es. Lo abstracto, en sus distintas magnitudes y fórmulas, es una antinomia y como tal es lo que le permite consagrarse como un templo de una antiforma y la revelación de otra forma.
Es esa vertiente la que este artista y tantos otros cultivan, plasmando de esta manera unos recursos visuales que de otro modo no tendrían posibilidad de materializarse, de manifestarse y concretarse en su propia definición.
Sin estas aparentes perturbaciones, sin esos turbulentos marcos cromáticos en una superficie que es siempre escasa para abarcarlos, no tendríamos ante nuestros ojos unas obras que conciernen al espíritu de la actual época, al discurso,en definitiva, de una idiosincrasia global en permanente cambio y gestación.
Así nos mantendrán la mirada en suspenso, agitada por un devenir que no sospechamos pero que nos infunde una duda vigorosa si es como la visión que nos proporciona.
Hoy, en El Malecón, sólo oigo silencio. Un silencio solo.