Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
La imagen es ante todo una forma simbólica de conocimiento, decía José Jiménez. El italiano CREMININI lo ratifica desde un significante de múltiples registros que la interpretan, crean y ejecutan con el propósito de generar una realidad que vivir en la nuestra propia.
Hay una inexpresividad atenta, intensa y ensimismada, al mismo tiempo que una inmovilización, un detenimiento en un instante concreto. En un segundo momento, la mirada explora la superficie cubierta por una figuración que nos alude, despierta otros ecos y señales y dibuja reseñas dejadas por la memoria.
En el conjunto percibimos una historia pictórica que nunca ha de acabar, que se desarrolla en la representación visual de un drama silencioso y también una crónica de la pintura que nos revela nuevas claves y formas de contemplarla.
El Malecón, hoy, no ha dormido y vomita sangre. Mi amigo Humberto y yo nos miramos con escepticismo y nos preguntamos de donde la habrá sacado.