Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Con la intromisión en ámbitos cerrados comprenderemos modos de mirar y de alargar lo visto. Con la osadía del ojeador percibiremos escenas plácidas de seres esperando el goce de experimentarse contemplados, acechados y espiados.
Estas obras son las respuestas del francés TISSERAND, que concibe y envasa desde la nostalgia del que sabe que pintar es transferir sin necesidad de mutar lo esencial.
Ahora es una pregunta, mañana el humo de una réplica, pasado la solución de un edén, después la sentencia de un retrato, y siempre el veredicto de una superficie que según se tapia va abriéndose.
No hay exteriores sino interiores que se nos acercan, cruzan ante nuestra mirada y nos invitan a entrar y permanecer. Si lo hacemos, podemos reír y embellecer nuestra fealdad, no sin antes construir espacios donde interrogar la verdad sobre ese mundo plástico que cohabita con nosotros.