Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Nos concedemos un momento de reposo con la duda de que la sustancia pueda activar las emociones. Y nos dejamos caer en ella lo suficiente para flotar, sentirla arriba y abajo, envolviéndonos en sus espirales, torbellinos y elipses. La mirada recibe la sensación de engullir una catarsis de la que piensa regresar vivificada.
Ése es el objetivo que el británico TYSON nos ha propuesto sin remitirse a otras categorías visuales que no fuesen las estrictamente necesarias. Y es indudable que la proposición cala, es efectiva, porque la visión de esta cartografía plástica obtiene y cumple con los argumentos requeridos por la dimensión de un lenguaje que nos transfiera un más allá, que no sea una simple anécdota.
Él, que hace de lo casi fractal la ordenación de su campo de trabajo, afronta su obra como un reto de credibilidad y visibilidad, estableciendo pautas de creatividad que sugieran el sentido básico de lo pictórico, lo ensanchen y lo hagan evolucionar desde su núcleo. Ésta es la razón por la que la contemplación nos sume en unas formas que rubrican movimientos en transformación, y denotan en sus rasgos una continua reencarnación en una frondosidad cromática cuyo horizonte es un planeta ilimitado.
Sin esas y otras realidades ya no tendríamos donde confluir la mirada, estaríamos huérfanos de percibir lo que de primigenio tiene el arte contemporáneo, su singular existencia como un modo de dar y entender la vida.
Le he pedido al Malecón unos días de descanso. Éste me ha respondido con un gesto de la mano, con el que circunscribía la amenaza a mi retorno y el infierno a mi evasión.
Me encanta el color y el movimiento que tiene. Felicidades
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