EN VITORIA CON JOSÉ LUIS ÁLVAREZ VÉLEZ (1949)

  • Tanto en su taller como en el paseo por Vitoria, su ciudad natal, ÁLVAREZ VÉLEZ consigue plasmar más de lo que desea. Con la edad, arte y vida se funden en uno (Braque), aunque ese uno tenga la memoria de un presente incierto -¿para qué hablar del futuro?- en el que él no se permite cesar a pesar de que hasta el viento lo haya ahora hecho.
    • Ingravidez dice de su obra Asunción Fraile; habilidad y acierto en la aportación opina José Mª Garayo; sombras y sueños son los que descifra Raúl Chavarri; júbilo del encuentro lo que deduce Pedro Jevenois; una rebelión de potencias íntimas para José Mª Moreno Galván, desgraciada y tristemente ya desaparecido.
      • Concluye afirmando Alain Mercier que la pintura de este artista es una de las más lúcidas e interesantes dentro del panorama actual de la pintura que se está haciendo en el país vasco. Yo voy más lejos, y sin ningún quizás, al permitirme hacerlo extensivo a toda Europa.

        • Por eso, el hurgar en su estudio es todo un acontecimiento compuesto por innumerables instantes de un silencio pintado o esculpido, armonías etéreas, poesía tan tenue como preñada de plásticos augurios y promesas de nubes libres y tumultuosas. O el visitar su mural y escultura en un sitio público de la ciudad, que debería ser generosa en estos momentos y no cuando lo hace siempre.
          • Para José Luis no hay horizontes perdidos ni caminos indeterminados, tal como él mismo versifica y yo retomo a mi manera en prosa. La lluvia acaricia burbujas y sustenta la embriaguez del mar, la niebla de la esperanza ya no está ansiosa de excavar túneles y los relámpagos ya no acrecientan el tiempo de soñar sino de morir en un deshecho de luz, en un no de existencia.

Publicado por Goyo

Escritor de arte, coleccionista.

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