La insularidad es o pretende ser un ejercicio de autoafirmación. Y también un ir en círculo, en zigzag, en racimo. Acudimos para estar juntos y así estrechar la superficie. O marchamos en fila para alargar el espacio. Lo que nos ha de salvar, prodigios aparte, es el establecimiento de líneas de encuentro y reunión en un escenario que nos parece difuso, que al mismo tiempo que debería ser nuestro aparenta una inconsistencia que nos induce a sospechar que va quedándose en esqueleto
Pues lo que el cubano DÍAZ SOSA confiere al soporte es una materia isleña en que lo humano alcanza un vértigo existencial, en el que la masa es soledad caminando en busca de otra que la acompañe y tienda a esbozar con ella el horizonte de una nada.

