El norteamericano BLUEMNER tuvo que dejar de pintar en 1935. Un accidente de automóvil le arrasó la vista dejándolo prácticamente ciego. Un día de 1938 dijo basta a un éxodo sin sentido a la aflicción y la indigencia.
Se vistió de blanco, se acostó en un lecho de sábanas del mismo color y se rajó el cuello. Si tenía que terminar que fuese así, ya amortajado y listo para emprender el rumbo hacia la nada.

