Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
DANIEL EDWARDS (1965) / MI OBRA TIENE QUE LLAMAR LA ATENCIÓN
Dicen que el mundo del arte es cada vez más complejo, y ciertamente lo es en tanto en cuanto el mercado influye decisivamente para que lo sea. Por eso, los límites entre arte, espectáculo, escándalo, manipulación, provocación e insustancialidad han saltado por los aires.
Si hay que estar horas metido en una maleta, se está; si hay que escupir a los visitantes y espectadores, también; si hay que frotarse el trasero con un móvil arrebatado a un invitado, mucho mejor.
El norteamericano EDWARDS busca la controversia con sus esculturas: representación del parto de Britney Spears; el meconio (o primera deposición) en bronce del hijo de Tom Cruise y Katie Holmes; el busto de Hillary Clinton; la autopsia de Paris Hilton. Todo vale.
El propio autor ha comentado que los medios de masas modernos muestran más atención a los excrementos de una celebridad que a todas las hambrunas, las crisis sanitarias o los problemas sociales.
No creo necesario ir tan lejos, por señalarlo con un eufemismo. Hay otros derroteros por donde conducir perspectivas, creaciones, plataformas, construcciones, sin caer en unos términos chabacanos e infectados de superficialidad y artificio. El talento y la intuición plástica tienen que estar antes y después. Y el montaje, la visión y la idea en la definición de la apuesta por la configuración. Sin olvidarnos de la sensibilidad y de los conocimientos y habilidades técnicas.