Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Cuando inicialmente íbamos tras una pista no observábamos más que un espacio vacío. Cuando, después, fuimos localizando puntos, referencias, posiciones, divisamos encadenamientos, secuencias de filamentos, despliegue barroco de alambres que no perdían el hilo a pesar de pender de él.
Curvaturas, circunvoluciones, jaulas, introspecciones formadas y creadas para erigirse en umbrales sobre la nada, en lenguaje visual del convicto en celda de lo abstracto. Confiamos en que el orden sea manifiesto y no imperceptible, sin embargo es esto último porque entonces la continuidad estaría quebrada, rota.
La sensación, además, táctil y aérea de lo que es y encierra o atrapa le confiere cuerpo y volumen, aunque siempre está el riesgo de la extenuación contraria de lo que queda si todo aquello de lo que formaba parte escapa.
El americano LASSAW nos plantea y propone un espectáculo en que el seguimiento de la línea fisonomiza la dimensión revelada en un cosmos tan cercano como necesario, tan inventado como real. Así de mágico.