Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
ÁNGEL ACOSTA LEÓN (1938-1964) / HE DEJADO QUE ME LLEVASEN
Un día de 1.964 el cubano ACOSTA LEÓN se metió en el mar y ya no volvió. O no quiso volver, aunque nadie lo sabrá. Toda una obra por hacer quedó sumergida con él, si bien sus máquinas voladoras siguen elevadas en el aire y las cafeteras funcionando con la magia de su metamorfosis plástica.
Estamos ante un bazar de significaciones formales que tiene en la imaginación y recreación de un mundo en transformación su fuerza visual. La gama cromática adquiere la personalidad que precisa una visión de una realidad que estaba dispuesta a transigir siempre que se transmutara desde su más insustituible celosía.
Para ello, el autor no ha cejado en absorber esas impresiones, intuiciones e improntas procesándolas bajo condiciones de sumisión a lo proyectado, a la forma soñada de lo vivido y al destino pensado y sentido de lo utópico. Por consiguiente, si la senda la ha dejado señalada, se debería seguir y desbrozar a pesar de que sin él una parte esté ya perdida.
Mi amigo Humberto me dice, al asomar por El Malecón, que llevamos muchos años perdidos bajo el fuerte dolor de madrugada. Y aún ahora nos perpetuamos así, con la esperanza arrasada y sin siquiera un murmullo de agua.