El color -¿hay luz y sin embargo estás a ciegas?- avanza en manifestación. Nunca fija fecha y hora para no perder el tiempo. Su progresión se hace a base de confluencias y confulgencias, corrientes, convocatorias y ritos. ¿Podrían ser masas humanas horneadas en lagrimales de fuego?
La superficie le congrega a fin de salir en misión, él la asume y más que un sacrificio ejecuta el operativo de una visión. Fluye de su naturaleza tanto lo entrópico como lo ordenado, lo desenfrenado como lo jerarquizado y reglamentado.

Para la alemana CALAME ha sido la oportunidad de cubrir el espacio con lo cromático que hay en su vida -cargada de hechos, actos, sentimientos y emociones, por lo que se ve- y ha heredado de su historia, aquella que el resto no intuimos en su condición plástica.

Por consiguiente, es resumen y principio, celebración y parto. O como dicen unos versos de García Montero:- «Las historias comienzan entre buenas palabras / y un corazón sacado de los libros».
- En este caso, sería entre buenas pinturas y sacado de los cuadros.