Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
¡Quién dijo miedo se murió la víspera y escarmentó cadáver! Ésta debería ser la divisa del italiano BAJ, fundador del movimiento de arte nuclear. Muy suyo eso de los manifiestos, discursos, proclamas, alocuciones, para expresar la parodia de las sombras que han quedado en el tiempo
No nos confundamos, no son sueños ajenos sino propios, que no tienen nada de fantasmas, tampoco de comediantes y figurantes, quizás sí de bufones retratados, de chufleteros carroñeros y depredadores.
Y la visión de este artista, de colores tan precisos como alterados o excitados, es dejar estas carcasas al desnudo, impedir que la historia se las lleve sin un mínimo ajuste de cuentas. Por eso, el origen de su caligrafía es nuestra propia piel, las soledades de borracho, un pacto plástico de luz y sangre y la implacable espada de un destino que nos ha reventado.
El espectador se quedará con la mirada entre sarcástica y burlona, pero con la memoria desolada y el sufrimiento envejecido. ¿Será que la oscuridad, como un espejo, nos devuelve la imagen que le entregamos?