Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
ANTONIO VIDAL (1928) / LAS DIMENSIONES IMAGINARIAS
Una isla da mucho de sí, más de lo que nos imaginamos y menos de lo que, impenitentes y utópicos, nos hemos encontrado al ir en su búsqueda.
Otro histórico de la plástica cubana, VIDAL, miembro del «grupo de los once», nos ofrece en su obra la geometría abstracta coloreada de una asimetría axial en la que todas las formas están determinadas por una solución final incluyente y previsora.
Y desde una posición aérea avistamos su geografía en los planos de sincronías, tierras vírgenes, dimensiones llenas, confines desiguales, rivalidades pactadas y un mar que ya no combate.
Siempre la luna abriéndose y cerrándose como núcleo, incorporando una red de tejidos que convoca a su sentido plástico a reunirse en un espacio donde pueda confesarse a través de un cuerpo que gravite en partes vertebradas y sonoras (el canto nunca dejará de escucharse).
Mas la isla no está en calma, sigue invertebrada aun siendo perezosa, baila con los postigos abiertos y los tejados casi muertos, aunque si han de importar esos prados azules, amarillos y negros es porque esos pequeños elementos nos acogen, nos otorgan estado y asiento.