Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
WOLFGANG MATTHEUR (1927-2004) /PUSIMOS LAS COSAS EN CLARO
Descubrieron que en la antigua Alemania del Este funcionaba la Escuela de Leipzig y allá se fueron todos, marchantes, críticos, galeristas, coleccionistas, etc. Eran tan grandes los plácemes que es algo así como si se hubieran encontrado una cosa que podría denominarse pintura, ¡fantástico hallazgo!
MATTHEUR era un alemán que pertenecía a esta Escuela. Y todo lo que tuvo que ir preguntándose, indagando, mascando la tensión entre el yo y el ello, lo procesaba desdoblado, bifronte en una figuración que tenía cita con una realidad que pesaba demasiado tanto histórica como socialmente.
Los puños, tan cerrados, no conocían el alma de abrirse y los rostros no sabían explicarse de tanto como herían o eran heridos. Hablamos de una obra que no se queda arrinconada en una línea de expresión, sería limitada y ése no era el propósito del autor, que quería fundir contextos, circunstancias, coyunturas y situaciones en un ámbito plástico que fuese la respuesta debida para cada uno de estos factores.
Su ambición estaba señalada con ese fin, que era el mismo que él necesitaba para analizarse como artista y como hombre. Al contemplar su trabajo también detectamos esa ansiedad y esa pluralidad de contenidos y formas, lógico y coherente resultado y afán de no ir considerando ninguna fe en la victoria, pero sí en el renacimiento de lo pictórico como una presencia sensible y comunicadora.