Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Baudelaire hablaba de misterio, energía y color. Odilon Redon se refería a la fuerza emitida por los objetos en y durante un sueño. Y el francés DOLLA revierte esa fantasía a modo de colages en lo que caben fragmentos, secciones de realidad disfrazadas de visiones inesperadas.
Lo maravilloso es el encuentro con la imagen, su transmutación y síntesis, los derroteros de su proyecto visual, las formas ayuntando color y línea, estructurando la recapitulación que empieza a vivir en la superficie. Un juego de planos y signos, de contextos enlazados, de intrigas locuaces entre símbolos.
El autor no mide la revelación ni la determina, permite que la definición se conforme a cada mirada, el propósito es que no se establezcan apriorismos sino desarrollos inquisitivos. Aprovecha encuadres antecesores sin caer en decantaciones ya vistas, y no deja que una aparente frialdad imposibilite la articulación insondable de lo que estamos mirando.
Quizás hay una vocación estilística muy concreta pero no sirve de nada andar inquiriendo de escuela en escuela, de movimiento en movimiento, de tendencia en tendencia. El resultado está ahí y no se casa con nadie.