Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Australia sigue estando muy lejos pero quizás ya no tanto, nuestra intuición nos alerta de su gradual cercanía, de que la complicidad en las miradas nos aproxima cada vez más. Porque lo salvaje que hay en el australiano NOLAN es también lo aborigen nuestro. Y lo indómito adquiere una visualidad inconciliable con las falsas investiduras.
Desde esa ferocidad que clama en una naturaleza implacable, la realidad enmarcada en sus obras convoca abiertamente fuerzas tangibles, brutales. Y al contemplarlas, lo hacemos en función del llamamiento a unas convicciones en la fascinación y horror de lo plástico, simultaneidad que es condena previa la resurrección.
Somos conscientes en nuestra observación de que la pintura no se ha marcado rumbos que no atrapen densidad y consistencia, valores que se observan y acatan cuando desciframos la voluntad estética de ser apareciendo.
Con lo que, ante estos fenómenos plasmados de la existencia, pensamos, por lo tanto, al verlos, que su sustantividad es más sólida que la nuestra. O por lo menos durante el momento que su penetración nos ha colmado.