Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
En un anterior comentario sobre este artista gallego decía que sus efigies nos amparan y protegen. Ahora que las ha soltado en Madrid, donde tienen refugio y templo en la galería Marlborough, las podemos encontrar de noche, cuando se escapan, en múltiples encrucijadas urbanas de ir sin volver o de volver sin ir, algo que nunca se sabrá.
Ídolos y deidades de los bosques y tierras galaicos, LEIRO, fascinado tanto como nosotros acerca de los misterios que entraña su hacer bajo esas fuerzas, nos los trae con el fin de que esos talismanes cubran nuestro sobrecogimiento y desconcierto con gestos de culto añejo.
Incluso creo que ellos mismos trascienden al propio autor, lo han subsumido en su naturaleza enigmática a la par que sagrada, que acapara dimensiones, texturas y almas madereras vertidas en el tronco y en el leño, en el bosque y la arboleda.
Magia, mucha magia hay en estas divinidades que descienden del suelo, magia del taumaturgo y hechicero, del artesano y escultor, de la vida y de la muerte. Y contemplarlas como quien fija en la retina de la memoria, más que en la de los ojos.
Esta galería se convertirá por unos días en un santuario, se celebrarán ritos ante el sarcófago y nos postraremos enfrente del calafateador y del meat market. Y nos costará abandonar tantos secretos urdiéndose en esa catacumba de seres que han decidido no odiarse.
>Conosco a Leiro y me encanta el dramátismo y teatralidad de sus propuestas.
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