Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Estas obras de arte que se han bañado el sábado para que el domingo, limpias, puedan mudarse y ocupar su espacio, ya no son las mismas. La noche les ha dejado costras en sombras.
Hasta hacen sentir daño esos retratos que se han cansado de fingir y muestran sus escamas cenicientas en aras de una plasticidad que de tanto señalar lo auténtico, nos ofrece el pavor insobornable de un ser de carne.
No hace falta decir que es una pintura elaborada desde bases históricas y planteada, no como una revisión, sino como una hechura que se va formando mediante certidumbres ilimitadas, técnicas enriquecidas y hallazgos vaticinados.
Hay conmoción y presente en tensión con el pasado en este conjunto de piezas, análisis de un sentimiento profundo, mil vicisitudes y un rumbo que asoma para marcar cicatrices en la piel y en las miradas. Quizá queda margen para eso soledad situada y meditada que se desprende de la espesura de unos bustos que no pueden evadirse de la magia del origen y de la impureza mortal.
Reblogueó esto en Vivencias Plásticas.
Me gustaMe gusta