Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
BERNARD LORJOU (1908-1986) / EN PROCESIÓN Y NO REPICANDO
Un monstruo nunca está mal pintado, decía Han Fei. Y estos menos. Para eso son nuestros dobles transformados a retazos, cabizbajos nunca, impertérritos o vociferantes siempre.
La difusión cromática, dispar, heterogénea, significante en constante recomposición y jugando a ser el elemento estructurador del espacio, aporta lo que comentaba Matisse respecto a que cada obra es un conjunto de signos, inventados durante la ejecución y dictados por las necesidades del lugar.
Al núcleo figurativo el francés LORJOU le confiere la insolencia expresiva propia de esa consideración del hombre como comedor de carne roja, patatas fritas, fruta y queso. Pero hay más, porque detrás de esa determinación plástica viene la condición madura de una representación marcada por un sentido total de la existencia.