Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
¿Quiénes son estos tipejos? ¿Nos hemos saludado alguna vez? ¿O son esas mutaciones que se asoman a nuestros balcones con intención de agraviarnos con una estética más saludable?
Por detrás y por delante van apareciendo, manteniendo diálogos vertebrados, señalando voluntades clónicas, injertos involutivos, uniformidades póstumas.
Confiamos en que su arropamiento no nos muestre el misterio tenebroso, al contrario, deseamos que con su ayuda avistemos un nuevo mundo sin colonizar que nos mantenga ilesos.
Debajo de esos especímenes hay algo sustancial y coloreado, semántico y demencial. En su aspecto externo las claves vuelven a cifrarse y nosotros, espectadores, damos por perdidas nuestras referencias, ya no exigimos que se manifiesten. Si hay un motín, ellos, como nuevos misioneros, serán los encargados de aplacarlo.
La verdad es que el alemán SCHUTTE tuvo la fortuna de conjurarlos para perderlos de vista, depositando en otros la misión de pervertirlos.