Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
Los tiempos del diluvio dan a luz creadores que no descansan si no ven culminados en el presente simultáneos rastros en clave.
Por eso el alemán PENCK, en su mayoría de obras pictográficas, bucea en lo totémico y antropomórfico, desarrollando un marco de jeroglíficos que aunque estén desnudos hablan con vocabularios arropados.
En cada pieza la coreografía visual de delante hacia detrás, de figuras de mayor a menor, de colores actores, de signos y símbolos dan forma a la visión de un sortilegio coétaneo con su conjugación final, pero remoto en su búsqueda matriz.
Se expande ante el espectador como ofrenda y relato, como hallazgo y encuentro, como discurso y prolífica representación milenaria, con lo que incorpora, y no sólo requiere, un sello de autenticidad ganado a pulso, si bien no hubo ahorro de amenazas, sacrificios y crueldades.
Tal es así como se erige un mundo incapaz de renacer, de estar siempre con la soga al cuello, y que ya quisiéramos que fuese del vecino ya estabulado en el infierno.
Ellos ignoraban el continuo canto de tus ojos a las cosas y a los seres (a Alberto Vigil-Escalera).