Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe. Es una forma de mirar, otro modo de ver, un ardid para engañar, un truco para esperar, otra historia para seguir, un cuento de no acabar. Y de seguir sin perder de vista lo de más atrás.
KURT SELIGMANN (1900-1962) / NADA Y TODO BAJO EL SOL
Creíamos que los márgenes ya estaba bien calculados y medidos, ahora, por consiguiente, era cuestión de que el azar dispusiese el resto, al fin y al cabo la causalidad rebosa de cuantías y beneficios.
Pero el suizo SELIGMANN es un obstinado penitente de la forma impenitente, hasta ser un hacedor de entuertos de una lógica despiadada.
De la magia cromática nace lo ficticio plástico, un fenómeno que toma la tradición y la festeja, que toma el verbo y lo hace catarsis, que toma la perfección onírica y la ejecuta sin guillotina y vestida de hacha irreal pero consciente.
Cuando miro este derramamiento visual me convenzo de que todo en arte es posible y también imposible, pues caber, lo que es caber, es lo que un paradigma sin final, ya sea feliz o infeliz, convierte en espectadores a mirones a tientas.
Una obra como ésta es una réplica virtual de un suceso visionario impredecible y también parte de la formación de ingenios crepusculares que sólo son visibles si constituyen por sí mismos una confesión ante testigos, sean los que sean.
Con toda la iconografía,
acabado como tantos y como tonto,
bebo destilaciones de sombras verdes que mi organismo desecha.