En cualquier recodo me encuentro la alucinación que me persigue. Será lo que decía Merleau-Ponty, que ver es, por definición, ver más de lo que se ve….
Este artista francés, PIGNON-ERNEST, sabe que la angustia contemporánea vertida como el espíritu de su obra hace que ésta tenga el concepto, tipo, número, medida, moralidad, utilidad, placer y dolor. Como antecedentes y como consiguientes. Por eso se dan o como supuestos previos o como presentimientos (Benedetto Croce).
Y es que caminamos con la muerte a secas, esperando una llamada que no llega, un ladrón de cadáveres que sí lo hace, o unas mujeres desnudas languidecientes por una pasión enterrada y con la extramaunción como un consolador sin el orgasmo febril y contento.
¿Qué es lo que nos aplasta? Una densidad pictórica entre la realidad más anodina y el espectro más inesperado, que se saben juntos y fruto de lo más virtuoso, que nos respetan como espectadores si somos capaces de sentirlos e impedir que se desvanezcan para poder masticarlos.
Ver esos cuerpos nos hace más libres, menos abyectos, aunque quisiéramos no ser como ellos.
Y cuando pienso así, dulce es la tumba
donde todos al fin se compenetran
en un mismo fragor;
dulce es la sombra, donde todos se unen
en una cita universal de amor.
(César Vallejo).
Ernest Pignon Ernest es uno de los iniciadores del arte urbano (Street art) en Francia, junto a Daniel Buren y Gérard Zlotykamien.
Algunas de sus obras más conocidas son : En 1996, en Lyon, “Detrás el vidrio”, presenta siluetas en las cabinas telefónicas, «Étaxis» en el 2010 donde rinde homenaje a conocidas figuras religiosas.
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