El gallego BARBEITO no esconde su creatividad bajo los orígenes que les son propios a su plástica. Todo lo contrario, hace que ella se multiplique hasta que en cada centímetro, en cada ángulo, en cada plano haya un cruce de formas que acaban componiendo un friso nuevo, no excluyente de otras conjugaciones y consumaciones que se relacionan también entre sí.
Se hace patente el uso de recientes tecnologías de la imagen para capturar la fragmentación pletórica de un mundo que no se le escapa, gracias a la compenetración con las mismas lo atrapa, lo sintetiza, le da asombro, profundidad, dimensión, diversidad y complejidad.
Ni un momento de descanso nos aguarda, la mirada va siguiendo cada itinerario, cada recodo, al mismo tiempo que hace un reconocimiento del terreno y concilia plano a plano, sensación a sensación, idea a idea. Tampoco hay que contener el aliento, porque la reflexión hace la suma final entre lo cuadrado y lo ovalado o circular, calibrando el cálculo fantástico de una pintura que implica al futuro con el presente.
Las claves de la obra de este artista están pensadas para legitimar el núcleo primordial, que aúna lo cósmico y lo creativo como si uno y otro tuviesen una identidad plena a la que únicamente le faltaba mostrar el rostro. Y si así ha resultado el fruto de esta plasmación, la seguridad de percibirlo ya ha pasado a nuestro tejado.
Allí más viejo significó más sabio,
donde más joven significa más ardor
para abrevar en la metamorfosis de la sabiduría.
(José Lezama Lima).