El hombre es un ser maniatado, encerrado en su propia tela de araña, hecho prácticamente con ella y de ella, no sabe de otros destinos que no conlleven esta reclusión y al mismo tiempo encantamiento, apropiado para contenerle y desapropiado para comunicarse y expresarse.
No hay otra referencia posible conforme a la plástica ontológica que practica la polaca, con sede en Australia, LICHA, aunque sin desdeñar el sentido de artificio, de puesta en escena que considera debe reunir una creación como la suya.
Bien es cierto que esta aproximación no nos permite afirmar que estamos ante una obra coreografiada por el tono dramático, más bien todo lo contrario, no deja de tener una aureola lúdica, de juego con ese mutante que no sabe salir de su encierro o ese gigante pensando cómo ha de ser su siguiente paso. Y tiene el toque contemporáneo preciso para que la mirada sepa conjurarla sin demasiados apremios.

La galga rusa y el tapiz,
inelegante diálogo
en la mudez del guante.
(José Lezama Lima).