En el arte contemporáneo la potencia del objeto se abre camino a través de todo el juego de simulación y simulacros, a través del artificio mismo que le hemos impuesto (Baudrillard).
Para el chino WENLING este juego es la suma de alcanzar un absoluto, lleno, en la configuración significativa, de argucias, artimañas y artilugios. La treta ha de ser convincente para verla como una comunicación y romper con los imaginarios habituales, además de ser un muestrario infantiloide entre asociaciones y sorpresas, sensaciones confusas y reflexiones monstruosas de recreo.
De ahí la necesidad de que sus esculturas, para que tengan el impacto preciso, requieran tamaño, aparato, escenario y un discurso elaborado con retazos de ideología doméstica aliñada con malversaciones de dimes y diretes.
Lo cierto es que tras esa habilidad que exhiben repican la ironía, el humor, la burla, lo cual hace merecedor a su trabajo del indulto y el perdón. Su visión procede de que el arte camina con todo y con todos, no en vano hay una clemencia estética y una indulgencia plástica. Así pues, reciba nuestra mísera bendición y siga cosechando rebozos.
Acaso después de todo
sepamos lo que nos falta.
Lo que la vida nos niega
quizá la Muerte nos traiga.
(Carlos Salomón).