Estos vestigios o reliquias, sean de orden conceptual o asignables a otras tendencias, son fetiches cómicos de una sociedad y un arte que no quieren pedirse perdón. Al contrario, son ellos los que absuelven e indultan.
Ahora bien, si los contemplamos atentamente, nos dice su creador, el norteamericano FRIEDMAN, el diálogo es posible siempre que se haga con el humor verdadero. Ellos no se niegan, han aparecido para ser talismanes sardónicos y caústicos.
Si los apadrinamos, se vendrán cono nosotros y nos sustituirán en el acopio de filosofías, tesis y poesía, nos volverán a inventar y nos dirán cómo es la vida a partir de la visión con la que se han hecho ellos. Pues sea así y bendecidos estemos.
Quisiera esta tarde no odiar,
no llevar en mi frente la nube sombría.
Quisiera tener esta tarde unos ojos más claros
para posarlos en la lejanía.
(José Hierro).