La norteamericana NOLAND es hija del pintor de campos de color Kenneth Noland, del que no quiso tomar nada, ni siquiera la mínima ayuda para colgar el gallo. Así y todo, dicen que obtuvo el récord por el precio más alto (6,6$) asignado en subasta a la obra de una mujer.
Si nos adentramos y desplazamos alrededor de sus instalaciones, tendremos la suerte de que podremos hartarnos de cerveza, pollo, hamburguesas, etc., con lo que hablar de una visión conceptual y posmoderna del sueño americano se nos hace un debate más fluido, un tanto beodo y hasta medianamente lúcido. Incluso alguno dirá lo de que subyace un vientre sórdido (más bien, hinchado y fermentado) en el que quedó hundida para siempre la promesa de un paraíso utópico.Desde luego, no sería por la cerveza, que esa no podría faltar.
La vulgaridad es, no cabe duda, un forma de reconocer lo que somos, lo que bebemos y lo que comemos, y esta artista lo único que hace es ponérnoslo en bandeja, servírnoslo y nosotros devorarlo. Por tanto, buen provecho y despreciable escenario.
Se nos va hinchando la vida,
deforma su ala,
para acabar sepultando
monstruos de nada.
(José Lezama Lima).
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