El mundo no deja de ser más que una significación de nebulosa. No se esconde nada detrás de ella. Es una infinita dimensión cósmica entre estratos, vapores, manchas y cúmulos.
Desde unas gamas y tonalidades oscuras, de tormenta, que son impregnaciones de nuestras emanaciones hasta una condensación irisada, líquida, de una poesía de destilación de una naturaleza que nos impulsa a sentir estar cerca del jeroglífico ancestral que nadie vio.
Decía el artista Dokoupil que los cuatro elementos que ha de reunir una obra de arte son la ambición, el riesgo, la locura y temperatura. El suizo BIBERSTEIN, que acaba de morir, los tiene y que cada espectador los valore como le de la gana.
No hay tiempo que llorar.
Cuando no sangre más así la sangre,
ese día, por fin, será el futuro.
(Ángel González).