Los contornos no son los que tienen la última palabra en esos cuerpos, más bien es el fenómeno inverso, salen de fondos desconocidos entregando unas complexiones femeninas que tienden a expandirse y ofrecerse como el trasunto de un deseo incontenible.
Para el italiano MAGA, el mayor deleite plástico es tatuar esas más que pieles con fogosos y eróticos contrastes cromáticos, el trazo suelto y hurgando en ellas. Por tanto, señalan la bondad de la pasión y la perfidia del anhelo, sin que, por otra parte, se le escape una sensualidad de formas, un control para que a su vez no dibujen su propia carnosidad en síntesis.
También es cierto que esos personajes mantienen un debate interno (centrar la atención en sus rostros), pues su exhibición y desnudez son para seguir hablando consigo mismos, para probarse y de paso probarnos a nosotros mismos, espectadores, que podemos sentirnos o no atraídos por ellos pero que nunca les vamos a ser indiferentes.
Todo encalló en un tiempo amargo y sucio.
Ahora,
asomando sobre las aguas,
la arboladura rota de esos días
tan sólo exhibe buitres en sus jarcias.
(Ángel González).