En estas instalaciones videograbadas de la china FEI hay un juego para ver quien es el primero que descubre el éxtasis, el desvarío, la alucinación, la quimera y la emoción. Al segundo le toca ya lo más serio, que es, dentro de la cordura y del contexto, centrarse en el encaje de los mecanismos, los encuadres, el pensamiento y discurso imaginativo sobre la enajenación, el mito oceánico, las reducciones a islas imposibles, el rompecabezas universal troceado y caótico.
Y conforme a esta esquematización, una visión a lo infantil de poder participar juntando piezas, cambiándolas de sitio, orquestando otras dimensiones y tamaños, incluso otros iconos.
Si nos atrevemos a conceptuar esta obra como una especie de apocalipsis lo agradecemos siempre que sea con esta factura y marchamo tan limpios y luminosos, en los que hasta podemos darnos buenos baños de mar. Y si no lo es, subámonos al oso panda para contemplar el panorama con mayor precisión y delectación: futuro, presente y pasado haciendo como se conocen y después resulta que lo que persiguen es destruirse.
Lo malo que tienen los muertos
es que no hay forma de matarlos.
(Ángel González).