La isla, en su finitud, solamente puede acudir a inmensidades que la hagan sobrevivir en fantasías. La luz de la imaginación no puede apagarse, pues la sombra de la razón histórica y doctrinal no deja de filtrarse.
Y así es como La cubana DE LA CAMPA pone una visión resuelta al servicio de esa necesidad, como una catarsis que mana y se nutre de iconos que la misma senda pictórica le ha mostrado. Después ella los ha transfigurado como su sentir la ha impulsado, prefiriendo un imaginario fantástico a un sueño dormido y callado.
Decía Ambrosio Fornet que el artista, al crear una nueva obra de arte para el espectador, crea también un nuevo espectador para la obra de arte. Si el fenómeno se produce como él lo describe, estamos ante uno de sus ejemplos más evidentes.
Yo era joven entonces y andaba con soberbia
por los bordes del agua quebradiza.
(Sigfredo Ariel).