No salen de las tinieblas ni del espesor oscuro de los tiempos, como mucho de una noche de luna llena, cálida y majestuosa. Tampoco están malditos, simplemente son signos de nuestro discurrir en comunidad y a la vera de un discurso inacabable.
Bien es verdad que sin el cubano ZARZA no llegaríamos a conocerlos, estaban llamados a ser invisibles, pero al haberlos invocado con ese don mágico que tiene, han aparecido sin las intenciones no tan pacíficas del autor.
Espantan si no sabes mirarlos y entender que son como un espectador más que te mira y busca un destino en el encuentro, en una cita a lo largo de un Malecón que se ha construido para albergarnos a todos. Incluso a los más paganos y de retorcidas praxis. Y cuando estamos ante ellos tenemos que invitarles a un ron con vistas al relato de sus confidencias y derrotas.
Duerme en paz, fluye allá fuera
la noche nacional
y tengo frío.
(Sigfredo Ariel).