Son momentos de desacralización y contrasentidos, esos motores de la vida artística, tan inseparables de la creación como del juicio, que decía Robert Klein.
Y en caso del sevillano CURRO GONZÁLEZ son algo más, porque hay una poderosa concreción y determinación en su imaginería caótica, sarcástica e irónica de lo indescifrable, sin que nos haga falta a ponernos a dar claves que no existen. Mixtificaciones de un pensamiento en permanente ebullición, que amalgama lo que tenemos de ridícula desdicha en unos tortuosos espacios que se divierten consigo mismos después de verse tan acicalados.
Pintura, pues, que genera insolencias de hallazgos impenitentes para falsos penitentes y retablos para espectadores que con el agobio se toman un consuelo antes de la soga.
Agua de lluvia caída a inicios del estío
sirve para lavar la cara y las manos de los hijos
para la perfección del sexo
y tal vez apaciguar la boca que se hunde
en el sexo palpitante.
(Sigfredo Ariel)