Me atengo a lo que dice Lourdes Cirlot: «lo que resulta evidente es que, en la actualidad, es necesario enfrentarse a la obra artística con un bagaje intelectual importante para poder comprenderla, o bien poseer la suficiente curiosidad como para establecer contacto con ella a través de la empatía».
Por eso, la empatía y comprensión no me han faltado respecto a la pintura del nicaragüense SOBALVARRO, que es una manifestación plástica de síntesis etnográfica, mitológica, religiosa e histórica. Es un ejemplo de la magia y significación de las raíces culturales latinoamericanas, esos relatos que se visualizan para que su entraña ancestral formen parte siempre de la luz y del tiempo.
Es una obra que tiene unos caracteres depurados y refinados gracias al ingenio del artista, que ha absorbido con auténtico fervor el destino de un pueblo y un país y, por ende, el de todo el continente que los alberga.
Y el muerto habla sin cesar y el gallo picotea
en los granos de agua y el agua es sangre
de pájaros que nadie sacrifica.
(Sigfredo Ariel).
el maestro orlando sovalbarro siempre le sobro la magia en sus manos .
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