El gran RUFINO DE MINGO me comunica desde París que ante los infortunios de la actual situación que padecemos, él ha optado por buscarse un refugio en su quehacer artístico, sin abandonar su actividad muralista.
Y ese cobijo se encuentra en retomar esos collages de flores pintadas o camufladas sobre fondos escritos, quizás porque el resultado forma una síntesis esbozada de signos con los que sosegar sus ansias y roturar otros ámbitos. Su espontaneidad pretende revelarnos la sencillez de una estética que se transforma con sólo sugerirla.
En consecuencia, en esas obras el artista ha depositado su deseo íntimo de amparo, su fragilidad visible pero no incapacitada para hacer de estas flores encantamientos de palabras verdaderas.
Entre el vivir y el soñar
hay una tercera cosa.
Adivínala.
(Antonio Machado)