A
Urdí una mirada libertina, ingenuamente libertina, la hice ascender a un espacio mestizo y allí encontré lo que andaba buscando.
Son esas historias que nunca te atreves a relatar, pero cuando las pintas desgranan toda su pureza de origen, sus misterios a desentrañar y su maldad de cruces con la mano extendida sobre cosas y personas.
Entonces viene la consagración, se encienden las luces, se conjugan visiones y se contemplan la mágica alquimia del color y la figuración. Ya no hay más que ensalzar ahora que te has ido, para eso está un culto que por querer alcanzar lo divino se ha convertido en un ferviente pagano.
Al amanecer los niños montaron en sus triciclos, y nunca regresaron.
(Leopoldo María Panero).