Estamos cómodos con nuestras semblanzas a pesar de su mediocridad y hasta fealdad, con nuestros maquillajes y cosméticos a pesar de que no encubren, ni acicalan, ni decoran, ni idealizan, pese a que son atavíos de engaño fruto de la sopa más vieja y más boba.
Pero viene de repente el artista madrileño JORGE CARLA y nos da hasta que ya no nos queda un ojo suelto.¿Por qué tanto desorden, caos y resentimiento en este método pictórico? Al parecer, es que la configuración previamente a su resultado se ha tomado más de una copa según iba transmitiendo, comunicando, lanzando aquella declaración de lo que sí quería ser pero no representar.
Por tanto, estamos ante una pintura de cocina urbana de diálogos interrumpidos, inconexos, fragmentados, cuyo discurso es la bendición de no encontrarlo para no perder el sendero de los callejones muertos.
Se diría que has muerto y eres alguien por fin,
un retrato en la pared de los muertos,
un retrato de cumpleaños con velas para los muertos.
(Leppoldo María Panero)
es un borracho venido amenos, pero lo estimo.
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Me ha sorprendido mucho la originalidad y la calidad de esas obras. Me parece que es un artista en toda regla.
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