El convencimiento no tiene nada que ver, la aleatoriedad, el azar y el contexto sí. Aunque si lo pensamos bien caben indicios y huellas de teorías iconoclastas -puro siglo XXI- que nos confunden si ellas mismas parten de presupuestos irreconocibles.
Entonces nos queda el humor, la irreverencia, el juego, el despotricamiento, la subversión, lo imposible, lo impensable, la consternación, el dogma al que agarrarse, la revolución y el confesionario en el que meterse. Eso es el inglés FAIRHUST, que acabó suicidándose colgándose de un árbol.
Mientras sean productos de lo inefable, caben presunciones y lecciones sobre lo que es y no es. Si no lo son, veámoslos como lo que aparentan significar: una estética circense de criaturas aviesas.
Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible. Y se
repartirán los huesos de mi alma.
(Leopoldo María Panero)