Se ve inicialmente como un mecano en que las piezas con esos colores tan perfectamente desmaterializados, perfumados y afectados, nos invita a una realidad que tiene interferencias íntimas con nuestra experiencia.
Después, cuando nos libramos de esa primera y pasajera impresión, advertimos que estamos en un entorno físico que descubre ilegitimidades, trampas, espacios y horizontes de falsos hábitats, de construcciones aparentemente ejemplares para destruirse en ellas (no en vano los derrumbes empiezan a ser visibles).
La naturaleza imitativa de la verbena publicitaria de esta imágenes las hace más engañosamente encantadoras, si bien nuestra percepción cambia cuando observamos que hay en la superficie una carne rosada, putrefacta y negra.
el día
en que se acaba la canción miras
a la mujer amada como a un viejo, y
con la cabeza entre las piernas,
frente al mundo abortado, lloras.
(Leopoldo María Panero).