Somos mitómanos porque no tenemos claro el origen y él nos lo da. Pero, por el contrario, nos deja sin el signo del final, de cuya referencia estamos huérfanos.
Y del final salen todas las sombras, en este momento ya con otra estética, pues hay que infundir modernidad a nuestros miedos, no sea que de quedarse tan obsoletos queden arrumbados.
Mas ¿por qué ahora nos empiezan a seducir las tinieblas y esos infiernos que a pesar de sus connotaciones están llenos de una luz abrasadora?
¿Cómo nos podemos carbonizar y calcinar eternamente sin consumirnos? ¿Modificando el aspecto, la apariencia, la fisonomía, quizás?
Satán, Belcebú, Lucifer son los instintos, el deseo en todas sus formas pasionales, la magia, el desorden y la perversión. Yo conozco a muchos y ustedes también pero no son tan bellos como los que aparecen aquí fotografiados. Es una pena.
Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada a nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
(Leopoldo María Panero)