El cubano BARROSO está comprometido con una visión tangible, transgresora e ideológica del mundo y sus malditas divisiones, de sus desiguales riquezas y tecnologías, del poder que se corrompe y corrompe más con la codicia de ellas.
Por tanto, sus instalaciones de cartón piedra tan elocuentes y perceptibles vienen a poner de manifiesto el signo de los territorios y geografías más débiles, aprisionados entre la pobreza, la intolerancia, la incongruencia, el sometimiento y la resignación.
Aunque sus obras tenga esta marcada significación -¿y por qué no iban a tenerla?- no por ello está desposeídas de su halo de plasticidad y creatividad, todo lo contrario, sus propuestas y hallazgos en todo sus aspectos no renuncian a su propia poética de tiempos y espacios, de un lenguaje extraído de sus propias configuraciones formales y de sus alegorías y metáforas tan lúcidas.
He sorbido tu espíritu y de él nada queda: tu rostro
se parece hoy a nadie, a una persona
de ésas sin alma y rostro que vamos por la calle
cruzando nuestra vida para morir tan sólo.
(Leopoldo María Panero)
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