Estamos ante un gran despliegue visual, unas proyecciones para las que el uso de los distintos materiales, cada uno de ellos con su simbología propia y determinado origen étnico, establece lo básico de una propuesta unificadora de creación y cosmovisión.
Estas esculturas/instalaciones son como artificios idolátricos del pasado que adquieren una dimensión plástica en el presente gracias a la intermediación del artista sudafricano HLOBO, que tiene la capacidad para que su poética deslumbradora juegue dentro de esos parámetros de extramuros.
Desde luego, su escenificación obedece a una estructuración calculada, de tal manera que su tamaño ofrezca la diversidad y la ontología manifiesta de un trabajo que no es sólo físico sino que nace de un continente cargado de creencias sobre su destino, listas para ser imaginadas y pensadas a través de su encarnación artística.
Nunca supe lo que el cielo era:
quizá la tarde, tal vez
amar más que ninguno
a mi madre, la ceniza.
(Leopoldo María Panero)
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