Dice Fernando Castro Flórez que parece como si algunas manifestaciones del arte contemporáneo se hubieran mimetizado con lo asqueroso para intentar, a la manera aborigen, escapar así del pánico abismal.
En el caso del artista madrileño MORAGO CARO no hay pánico abismal en sus representaciones de osamentas, cráneos y esqueletos, pues el cuerpo ecuestre es la muestra de que unos y otros se complementan en ese acercamiento a las vivencias de las que extraer su inmarcesible plástica. Se plasman para que nuestra mirada se ciña más allá de su existencia y se haga cómplice de su condición.
Al final, como escribía Lavater, su pensamiento es intuición, su sentir, acción; su acción, imborrable e imperecedera.
Qué es mi alma, preguntas
a una imagen atado.
Es un dios en la sombra
rezándole a la sombra.
(Leopoldo María Panero)